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Periodismo para la gente

Pensamientos

Carpintería

Carpintería

 Escribir claro y sencillo no constituye un enojado capricho gramático.

 

Por el contrario; es la llave que abrirá nuestra mejor puerta de expresión ante el mundo.

 

Nos podrán entender, y ¡cuanto mejor si logramos convencer!…

Cuando el verso habla al poeta

Son tus ojos

mi ventana al mundo.

 

Es tu llanto

mis peleas con la vida.

 

En tus manos

nace mi expresión.

 

Y en el papel

intentaré vivir

 

para siempre,

para siempre... 

No se me ocurre ningún título

No se me ocurre ningún título

En el laberinto de las palabras

puede que también haya

algunas respuestas para la vida.

 

Por ejemplo,

cuán parecidas son

 

«Fuego» y «Hierro»;

«Dedos» y «Alfarero»;

«Musa» y «Música».

 

Las primeras infunden

miedo.

Las siguientes se moldean con

pueblo.

Las últimas provocan placer

estético...

 

 

 

 

 

 

 

 

Pensamientos al aire (III)

Pensamientos al aire (III)
  • En cada libro que leo trato de sentir la verdad literaria de su autor.
  • La crónica periodística es como el muro de las expresiones: periodistas y literatos mueren por ensayar su mejor frase.
  • Para escribir una crónica periodística hay que estar enamorado de la palabra.
  • Quien desee escribir tendrá que admitir antes el tema que gobierna a su ser, luego encontrará su estilo. Para llegar a concebir ese tema como un todo en el alma se sufre, y mucho.
  • Los diccionarios le dirán a uno quince cosas distintas (tal vez más) de lo que puede o no ser el estilo. Yo aprendí que éste es una simple palabra: sencillez.
  • Escribir equivale a VIVIR: vives cuando lees, cuando reflexionas, cuando concibes en el alma un deseo obstinado de querer expresar lo que más te ha estado golpeando el pecho. Escribir es un delicioso dolor impulsado por demonios...
  • Quien busca la inspiración busca lo imposible.

Ilustración: ABECOR

San Andrés

San Andrés

El 27 de abril de 1999, el mundo se enteró de que varios estudiantes de Comunicación Social de la Universidad Mayor de SAN ANDRÉS habían tomado la víspera el Edificio de la Ex- Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL).

(Para quienes tomaron la COMIBOL)

A la mínima amenaza

de un decreto de tachuelas

tus cuatro esquinas juventud

se convierten en banderas.

 

Por cómodas y amplias aulas

canciones y gritos de guerra.

Pero con palabras de fuego

hieren tu pared de arena

porque no hay ley justa

que calme tu mirada negra.

 

Los señores del Gabinete

voces de escuálida brea

trazan en papeles rojos

destinos de su soberbia.

Y los soldados alquitrán

esclavos de las estrellas

torpes números sin sesos

siguen al pie de la letra

la orden de bajar todo

con sus tortugas tijera.

 

Zorrinos verdes autoritarios

con manos de calavera

quieren matar con sus gases

tu picante aguijón de ideas

cuando uniformes odiados

sienten réplicas de piedra.

Y se oyen desde el cielo gris

gritos de carayas negras

en medio de un ejército

pinos ciegos de hoguera.

 

Y han quedado medio muertos

a los pies de cuatro velas

el toro de la Autonomía

y el jaguar de la sospecha.

Desde el cuello hasta la grupa

se ven las quince flechas

de tus profundas heridas.

No muy lejos de una legua

en el  pasto a lado del río

tu agresor también quisiera

aún con las cornadas tuyas

clavarte miradas de guerra.

La ciudad manos arriba

como en noches de tormenta

siente martillos en sus calles

de un nuevo dolor de muelas.

En el cielo ensangrentado

atados a sus cadenas

los sabios de las palabras

disparan condenas

al toro de la Autonomía

dizque por sus rojas ideas.

Tu insolencia imberbe

sangre marchita sobre la seda

por culpa de tu boca

que exige demandas muertas.

Los sabios de ceño fruncido

con sus palabras que queman

dicen de la juventud

tatuaje mudo de la sospecha

que nunca dijo nada

cuando se sentó a la mesa

que no sabe de sí misma

cuando sus pies sobre la tierra.

¡Ay, cómo el cielo pierde

de sus manos la primavera!

Ave que no aprendió a volar

porque ha caído muerta.

Y un soplo del viento gime

llanto de notas desiertas

al mínimo atentado

de un decreto de tachuelas.

Óscar Ordóñez A.

 

 

 

¿Cómo dice que dijo?

¿Cómo dice que dijo?

Debe estar usted equivocado.

Nunca vino a esta casa,

no sabemos cómo es,

nunca oímos esa palabra.

 

¿«Justicia» ha dicho?

Comience por esta sala

pero no nos culpe, señor

no va a encontrar nada.

 

¿«Justicia» ha dicho, usted?

¿Acaso eso tiene alma?,

debe estar equivocado

pero respetamos su esperanza.

Foto, crédito: http//alfonsogu.files.wordpress.com  

 

 

 

Pensamientos al aire (II)

Pensamientos al aire (II)
  •  No importa con qué tono miremos al hecho. El problema siempre será el mismo si es que no somos capaces de ceder, aunque sea, medio centímetro…
  • Diálogo: intercambio pacífico, libre y voluntario de ideas; muchas veces, opuestas…
  • La única verdad irrebatible de este mundo es que no existe verdad absoluta que venga del hombre…
  • Tengo fe en que los que nacen hoy hagan de mañana algo mejor para sus hijos. Y eso depende qué tipo de valores les dejemos.
  • Nos toca vivir una época en que las “negligencias” de los servidores públicos ya nadie las aguanta.
  • La mejor manera de evitar que surjan otros monstruos en una sociedad es el compromiso a la vida, por sobre todas las cosas.
  • ¿Cómo lograr que las sociedades golpeadas por el dolor, la muerte y el rencor recuperen el sentido del bien común? De pie ante el compromiso fiel de que nada puede (a título de sacrificios inútiles) nada puede provocar un daño mayor para dizque evitar otro.
  • No hay ley más sagrada para el hombre que la defensa apasionada de la vida.
  • ¡Ufff!... Se secó el cerebro... Toca descansar...
  • Ahí nos vidrios...

Crédito de la ilustración: ABECOR

¡Que vivan los estudiantes!

¡Que vivan los estudiantes!

Me encuentro sentado a una de las mesas de este café universitario. A mi alrededor, veo a todos los jóvenes ser lo que ellos son: «¡jóvenes!».

 

Ríen, bromean, toman el té de la tarde. Algunos prefieren un rico y caliente cafecito; otros, una limonada, una gaseosa, un jugo de frutas en cuyos vasos transparentes el antojo no tiene límites.

 

En cambio, hay quienes no comen ni beben nada. Prefieren sentarse a conversar o a fumar o a estudiar o a escuchar música en esos pequeños aparatos llamados I-pod o MP4.

 

Ver tanta tranquilidad me baña de juventud. Libros y cuadernos sobre la mesa, lápices y bolígrafos en desorden. Pero eso no les afecta. Es parte de ellos.

 

Al frente de donde me encuentro, dos señoritas –coquetas de belleza infinita– intercambian sobre la mesa vaya a saberse cuántas cuitas de amor travieso. Lo noto cada que sus miradas cómplices se encuentran una con la otra. Pero aparto la mirada cuando me doy cuenta de que notan mi presencia.

 

Eso y más, en este café universitario, es juventud: un arcoiris dentro de un recuadro, donde las libertades de soñar para sí y en conjunto halla su cenit con sólo mencionar una palabra: «¡Estudiantes!»

 

Posdata: ¿Y qué sucede cuando alguien extraño llega a donde ellos se encuentran y perturba esa paz, esa tranquilidad, esa autonomía en la que ellos viven?

 

¡Ajá!